Gracias al éxito que el museo ha tenido
en su breve historia, se estudió la posibilidad de
expandirlo para ofrecer al público nuevas alternativas
y satisfacer algunas demandas de la comunidad, como la existencia
de un área para exposiciones temporales, un tienda
de regalos y cafetería. Alcanzado el acuerdo básico,
se resolvió que ese nuevo espacio vital se ubicara
en las inmediaciones del museo y, por ende, dentro de los
terrenos que ocupa la Vidriera.
A unos cuantos metros del edificio del Museo del Vidrio, se
localiza una nave que fue el almacén de producto terminado
de vidrio plano. Esta área fue reconstruida y restaurada
por el arquitecto Héctor Domínguez, respetando
en todo momento su estilo original. La utilización
de fotografías de archivo determinó los diferentes
criterios que se aplicaron en la remodelación y selección
de los materiales utilizados. Por lo que toca a los sistemas
de construcción, se combinaron soluciones contemporáneas
con las originales, buscando siempre la congruencia entre
ambas.


Fachada frontal de la galería. |
Las necesidades que en el pasado cubrió dicho inmueble
industrial, fueron muy distintas a las que tendría
como parte del museo en el presente. Por lo tanto, hubo que
hacer adaptaciones, efectuar cambios radicales en algunas
áreas que se encontraban dañadas y tratar de
evitar alteraciones al estilo original. Tal fue el caso de
la cubierta del techo, cuyo mal estado obligó a retirarla
para colocar una nueva. De igual manera se tuvo que renovar
el antiguo piso de cemento, ya que estaba prácticamente
destruido. La minuciosa labor de rescate y restauración,
se llevó a cabo por espacio de dos años, concluyendo
en mayo de 1997.
Uno de los atractivos de la nueva Galería, es el de
enlazar su origen industrial con el arte y la cultura actuales,
conservando como parte integral de su arquitectura lo que
fueran los hornos vidrieros de la nave original. El acceso
a la Galería es precisamente por uno de estos hornos,
que era utilizado para la producción del vidrio; los
otros son aprovechados como componentes de la museografía.
Las vigas de fierro vaciado que actúan como soporte
del mezzanine, también fueron elementos arquitectónicos
que se rescataron para ser empleados con fines decorativos
y utilitarios. Todos estos vestigios industriales causan un
efecto rotundo en el visitante, además de ponderar
el uso cultural que se le está dando en la actualidad.